Seleccionar página

Desde que empecé mis estudios en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en 2004 me dediqué al entrenamiento infantil.

Ya conocéis lo que pienso acerca de los campeones prematuros, si tenemos un campeón, que lo sea por puro talento y no por sobreentrenamiento en etapas tempranas.

He de reconocer que me cuesta enseñar aquellas disciplinas que no son la mía y, aunque las haya estudiado, yo no he recibido jamás esa educación atlética. Mi introducción en el mundo del atletismo (digo atletismo, antes sólo conocía el running) fue con 20 años, por lo que estos 8 años me han servido para aprender algunas cosas, pero desde luego me siento un auténtico principiante en cuanto a la enseñanza atlética.

Os garantizo que no es lo mismo «saber» que «saber enseñar», y la falta de experiencias didácticas propias, de las «sensaciones» que te da el entrenamiento, la competición y no haber tenido un maestro que te transmita esos conocimientos prácticos son un handicap a superar.

Sin embargo, también tengo claro qué es lo que quiero que aprendan mis pequeños atletas, qué es lo que debe aportarles el deporte. Para mí, el deporte es la tercera herramienta, junto a la familia y el colegio, que completa la educación del niño.

En la etapa de de desarrollo en la que se encuentran los niños en edad escolar, los pilares del entrenamiento deberían asentarse sobre los aspectos que voy a enumerar a continuación

La salud

La mayoría de mamíferos (lo cierto es que no sé si la mayoría, todos o unos cuantos) utilizan el juego y por tanto el ejercicio, para su correcto desarrollo y maduración.

Tanto el desarrollo físico como cerebral va a estar influido por la cantidad y el tipo de ejercicio que se realice desde la infancia hasta la edad adulta.

Los niños necesitan moverse, jugar, cansarse y desarrollar todas esas capacidades y habilidades para las que están genéticamente preparados.

Bueno, ya no cazamos, ni migramos, ni hacemos cosas de esas que hacían nuestros antepasados para sobrevivir, pero a pesar de que la cultura nos ha alejado de esas necesidades, el cuerpo y el cerebro que nos ha quedado es el mismo que hace miles de años.

El deporte bien practicado puede sustituir a estos juegos «naturales» que ya no practican hoy en día nuestros niños. No hay peor enfermedad que el sedentarismo prematuro.

Los valores

No creo que la educación en valores sea exclusiva del deporte, aunque es una herramienta potentísima para transmitirlos.

Los valores deben ser educados y transmitidos en cualquier actividad que realice el niño, pero sobre todo dentro del núcleo familiar.

En el entorno deportivo el niño debe afianzar esos valores que debe traer de casa y ponerlos en práctica en situaciones menos cotidianas, como son en el entrenamiento y la competición.

Con una buena guía de un entrenador, todas esas experiencias pueden ser muy enriquecedoras didácticamente.

El comportamiento

Por encima de los objetivos deportivos, el buen comportamiento frente a las distintas situaciones debe ser algo prioritario.

Debemos enseñar a reaccionar en cualquier contexto, saber enfrentarse a las emociones que con frecuencia afloran en el entorno deportivo, como la frustración, la rabia, el miedo, el aburrimiento, la euforia, los nervios, la excitación, etc. Identificar esas emociones, controlarlas y reaccionar de manera adecuada mostrando siempre un comportamiento correcto y respetuoso.

Las relaciones con los demás

En la vida estamos abocados irremediablemente a compartir espacio y tiempo con otras personas. El deporte, como medio educativo, también debe prepararles para gestionar las relaciones con los demás.

Es frecuente contar con grupos heterogéneos, con niños de muy distintos perfiles, por lo que cobra todavía más importancia el hecho de que sepan respetar a los compañeros, ayudarles y pedirles ayuda, colaborar, perdonar, competir contra ellos, entender tanto a los que les caen bien como a los que no tanto… en fin, desarrollar la empatía.

Diversión

Por descontado, todo esto debe producirse en un entorno lúdico, dónde estén cómodos, motivados y que deseen estar por voluntad propia.

Esto último es algo que no siempre pasa en los inicios ya que algunos padres (con muy buen criterio) obligan a los niños a realizar algún tipo de deporte (al igual que les deben obligar a comer de todo).

Pero poco a poco hay que ir «ganándoselos» proporcionándoles una experiencia divertida, hacer que les guste a base de pasárselo bien.

Desarrollo de las capacidades físicas básicas

Y por descontado, la faceta en la cual el deporte tiene «exclusividad» en la educación del niño es en el desarrollo de sus capacidades físicas y coordinativas.

Desgraciadamente, algo que debería también darse el la escuela cada vez está más marginado por la reducción constante de las horas de Educación Física.

Las capacidades a desarrollar de manera básica son:

  • Velocidad
  • Resistencia
  • Fuerza
  • Flexibilidad

Aprendizaje de las habilidades motrices básicas

Además del un desarrollo de las capacidades físicas, hay ciertas habilidades que podrán ser muy útiles para el futuro, tanto para el deporte (siga en el nuestro o practique otros) como para su vida.

La inteligencia motriz es parte también de nuestra inteligencia, por lo que debemos trabajar las siguientes habilidades:

  • Correr
  • Saltar
  • Lanzar
  • Recibir
  • Rotar sobre sí mismo
  • El equilibrio
  • La coordinación

Sólo me queda tratar de seguir transmitiendo todo lo anteriormente expuesto de la mejor manera que pueda en el Club de Atletismo Arroyomolinos (Madrid), donde me están permitiendo desarrollar esta labor.

Ojalá dentro de unos años a estos jóvenes el deporte les haya servido para crecer de manera íntegra y les aguarde un buen futuro.

Ser productivo no es suficiente
El método de entrenamiento interválico