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Los entrenadores siempre nos obsesionamos con el control de las variables del entrenamiento, así como los corredores suelen estar obsesionados contando kilómetros. Además, actualmente tenemos a nuestro alcance una cantidad ingente de tecnología que nos permite medir hasta los detalles más sutiles de nuestro entrenamiento: ritmo, cadencia, ascenso, frecuencia cardíaca, etc…

¿Qué medir?

Para realizar un adecuando control de la carga de entrenamiento necesitamos medir variables que tengan relación con el impacto del entrenamiento sobre nuestro cuerpo. Entre ellas podríamos elegir:

  • Kilómetros
  • Ritmos
  • Frecuencia cardíaca
  • Desnivel
  • Lactato
  • Potencia
  • Kilogramos levantados
  • Peso
  • Percepción del esfuerzo
  • Horas de sueño
  • Muchas otras más

Todo esto está muy bien, sin embargo, un error que cometemos con demasiada frecuencia es medir en exceso. Medir no sirve de nada si esa medida no tiene significado para nosotros, ni no comprendemos cómo afecta al organismo, si no la podemos manipular o si el coste de tomar la medida es superior a la utilidad de la información que nos da.

Es algo que he comentado con otros entrenadores, y es que da igual lo que midas, no está ni bien ni mal, sólo basta que a ti te resulte útil y te ayude a tomar decisiones a la hora de ajustar el entrenamiento. Tanto si controlas todos los parámetros que he indicado arriba, como si sólo cuentas los kilómetros al final de la semana, será correcto en la medida que te aporten la información que necesitas para actuar.

Casualmente, hoy he dado con una cita de Seth Godin que me viene al pelo:

No midas nada menos que los datos te ayuden a tomar una mejor decisión o cambiar tus acciones. Si no estás dispuesto a cambiar tu dieta o tu entrenamientos, no te subas en la báscula.

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