Nuestro cuerpo es un sistema complejo que funciona como un todo. Estamos formados por numerosos sistemas, circulatorio, respiratorio, endocrino, nervioso, muscular… que se relacionan entre sí. A su vez, nosotros mismos como entes sociales formamos parte de otros sistemas superiores como el sistema deportivo, político, familiar o social al que pertenezcamos.

Ateniéndonos a la parte puramente biológica del asunto, parte del arte (y de las obligaciones) de un entrenador consiste en conocer y comprender cómo funcionan estos sistemas, y actuar sobre ellos de forma global para conseguir las adaptaciones adecuadas para el rendimiento. Para ello debemos tener en cuenta ciertos aspectos.

No abordar el entrenamiento desde un sólo campo del conocimiento

Un error frecuente es programar un trabajo ateniéndonos únicamente a algunos campos científicos como son la fisiología, la bioenergética, o la adaptación muscular. Esto provoca un sesgo en el entrenamiento que probablemente desemboque en rendimientos por debajo del potencial del atleta, o en el peor de los casos en una falta de entendimiento entre atleta-entrenador que termine en frustraciones y fracaso.

Es por ello por lo que a un entrenador no le basta con tener profundos conocimientos sobre una disciplina científica, si no que debe tenerlos de todas: fisiología, nutrición, psicología, aprendizaje motor, biomecánica, etc… Para la mayoría de entrenadores es imposible ser un experto en todos estos campos, por ello la importancia de un trabajo multidisciplinar en el que el entrenador ejerza el liderezgo y sea capaz de dirigir y coordinar a profesionales de distintas disciplinas, y aplicar estos conocimientos de forma coherente a sus deportistas.

El entrenamiento debe ser global y paralelo, no podemos aislar un sistema

No sólo debemos entender que existen sistemas en el deportista, si no que todos se relacionan y están interconectados. En nuestro trabajo debemos contemplar que aplicar un estímulo sobre un sistema, por ejemplo el sistema cardiovascular, estamos implicando muchos otros sistemas, como son el sistema motriz u osteo-muscular, endocrino, nervioso, etc. Todos ellos no son ajenos a ese estímulo y por tanto también están soportando una carga de entrenamiento y provocando una fatiga y adaptaciones que debemos tener en cuenta.

Por tanto debemos evitar una visión reduccionista de nuestro organismo, ya que nos inducirá a errores por obviar unas cargas que afectan a otros sistemas.

Tener en cuenta siempre los factores psicológico y social del deportista

Los deportistas, como cualquier ser humano, están gobernados por un cerebro emocional (y otro racional, por supuesto), el cual no siempre es fácil de comprender, predecir y controlar. Todos tienen sus fobias y sus filias, sus motivos y sus excusas, sus placeres y sus miedos. Si hay una cosa realmente determinante en el rendimiento es la confianza. Confianza en el entrenador, en el método, en el trabajo y en uno mismo. Y ésta no siempre se consigue ateniéndose a las leyes teóricas del entrenamiento. Por eso debemos conocer a nuestro atleta en profundidad, cómo piensa, cómo reacciona, cuál es su entorno, qué elementos le afectan tanto positiva como negativamente, para crear no sólo un sistema de entrenamiento, sino un entorno de trabajo y de comunicación capaz de motivar y generar la confianza necesaria para obtener el máximo rendimiento posible.

¿Entendéis al deportista como un ente global o creéis que es necesario aislar sistemas biológicos para entrenarlos por separado? ¿Cómo aplicáis este principio de unidad funcional en vuestro entrenamiento? Gracias por comentar.

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