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Un nuevo escándalo de dopaje nos aborda. No llevo toda la vida en el mundo del atletismo, hasta los 18 años prácticamente no había visto nunca una pista y no fue hasta 2008 que me introduje dentro del atletismo profesional, cuando empecé mis prácticas en el CAR de Madrid. Llegué ignorante, ingenuo, era un pardillo. Algo me queda de eso. Es por ello que cuando en 2010 saltó la Operación Galgo fue un auténtico shock para mí. Evidentemente, era consciente que en el deporte de élite el dopaje está a la orden del día como puede estar la estafa en cualquier otro ámbito profesional, pero un escándalo de semejantes magnitudes, tan cerca de mí, con gente con la que compartíamos espacio de trabajo, a la que se enfrentaban mis compañeros en las competiciones y con tanto revuelo mediático, eso me impactó. Lo más doloroso de todo fue ver cómo la justicia y las instituciones fueron incapaces de (o no quisieron) castigar a los responsables y hacer justicia. Lo cierto es que a medida que ha pasado el tiempo cada vez me resultan más indiferentes los casos de dopaje, porque cada vez creo que mi atletismo está más alejado de «ese» atletismo, ya ni siquiera considero que practiquemos el mismo deporte.

Escándalo mundial de dopaje

En el caso actual, el escándalo tiene dimensiones estratosféricas y ataca a la cúpula de las instituciones mundiales. Soy consciente de que el dopaje en la élite mundial es algo generalizado. Estamos hablando de récords, mejores marcas y medallistas mundiales, no nacionales. Ojo. Por generalizado entiendo que una gran parte, quizá mayoría, pero no todos. Y consideraba al atletismo distinto otros deportes por el hecho de que el atleta habitualmente crece en otro tipo de entorno. Lo habitual es formarse en clubes humildes, con entrenadores pasionales, en muchas ocasiones no profesionales, profesores de colegio o instituto con pocos medios y que suelen inculcar unos valores y una educación que los protege mejor del dopaje que a otros deportes. Eso tampoco los hace incorruptibles, pero en general existe una mayor conciencia deportiva. Para los atletas, el acceso a las drogas se produce de manera más espontánea e individual en la mayoría de casos y no tan sistemática como en otros deportes, donde suele estar tradicionalmente más instaurado en las organizaciones, donde hay intereses de equipo y más competencia interna, donde los médicos y directores técnicos tienen un gran poder y donde a niveles medios-altos se mueve bastante más dinero que en el atletismo.

Quizá la crisis de resultados del atletismo español sea una mezcla de varios factores:

  1. La funesta gestión institucional (que agrava los puntos 2 y 3)
  2. Pérdida del interés de la sociedad por el atletismo = menos €€
  3. Pérdida de una generación entera de atletas. Hasta hace este año la mayoría top españoles seguían siendo los mismos que hace 10 años. Ahora estamos viendo un cambio generacional que se ha retrasado demasiado.
  4. Que el dopaje en la élite nacional ya no está tan generalizado como en los 90 y primera década de este siglo, quizá porque a nadie le compense pagar miles de euros a Eufemianos para no sacar prácticamente nada.
  5. Que el dopaje se ha generalizado más en países emergentes deportivamente.

No creo que para estar en la élite del atletismo haya que doparse, me refiero a élite a deportistas capaces de hacer las mínimas para un mundial o unos JJOO. Otra cosa es pelear las medallas, eso hoy en día está reservado a muy pocos. Las marcas mínimas sin duda son difíciles, pero están a años luz de las mejores marcas mundiales y son perfectamente asequibles para cualquier atleta talentoso, con años de buen trabajo, siendo blanco, negro o amarillo y yendo totalmente limpio.

Sobre el caso actual de dopaje, no seré yo quien lo analice en detalle ya que existen artículos que lo hacen de una manera más profunda y precisa de lo que podría hacerlo yo. Recomiendo las lecturas de:

Respecto al atletismo, mi único deseo es que se destape todo el tarro y salgan a la luz las vergüenzas de nuestro deporte. Los nombres de esos más de 200 sospechosos, 12 españoles entre ellos, caiga quien caiga. Y todos los directivos de las federaciones y agencias implicados en la ocultación de estos casos. Creo que el atletismo debe morir, ojalá caiga todo el sistema, desaparezca el dinero, los apoyos y aquí sólo quede quien verdaderamente ama este deporte para que dentro de un par de décadas hayamos podido construir un nuevo deporte desde cero, donde el dopaje y la corrupción sean excepciones. Así me contaban mis colegas canadienses que pasó en su país tras el escándalo de Ben Johnson y así Canadá se ha convertido, no en una superpotencia mundial, pero sí en un país competitivo, decente y respetable (ahí están sus casos de dopaje en la última década). Iluso.

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