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Si bien el anterior parón de Navidad había servido para descansar, este parón de Semana Santa ha servido para reflexionar. Me he refugiado en la lectura, un hábito que siempre tuve de pequeño pero que en los últimos años se ha quedado relegado simplemente a contenidos técnicos.

Volver a coger un libro para leerlo con tranquilidad y digerirlo bien ha sido un nuevo soplo de aire fresco interior. Y me he dado cuenta de un error que he venido cometiendo desde hace mucho tiempo.

Estamos saturados de información, mala en cantidades ingentes pero también grandes cantidades de información valiosa. Frases inspiradoras, libros de autoayuda, productividad, motivación, filosofía, literatura o simplemente artículos o libros técnicos.

Sin embargo, pocas veces buscamos qué hay detrás de esa frase o libro, cómo fue la vida del autor, cómo llegó a esa conclusión, cuál fue el trabajo y el coste de llegar a ese punto y qué es exactamente lo valioso que quería transmitir.

En definitiva, no encontramos el auténtico valor ni significado, dejándolo en una mera anécdota superficial que queda muy bien en nuestro muro de Facebook y que, por qué no decirlo, nos hace creer que estamos en un nivel intelectual superior. Maldito ego.

No obstante, invertir tiempo en leer cosas que no cambian nada en tu interior creo que es un tiempo totalmente perdido, como mucho lo podríamos considerar entretenimiento.

Mi objetivo en cuanto a la lectura (de cualquier tipo) es el crecimiento: profesional, intelectual, cultural… da igual, pero una lectura que no deja marca me deja una sensación de frustración.

¿Cómo he mejorado mis lecturas?

Mediante este proceso de 3 pasos puedo sacar el mayor provecho posible de una lectura, ya sea una simple frase o un libro completo:

  1. Realizo una lectura crítica, deteniéndome en aquellos puntos que considero importantes y significativos, anotándolos todos en mi Evernote y aportando algún comentario.
  2. Terminada la lectura inicio un periodo de reflexión tratando de responder las siguientes preguntas, anotando todo también en mi Evernote:
    • ¿Cuáles son las principales ideas clave que trata de trasmitir el autor/protagonista?
    • ¿Qué enseñanzas del libro pueden mejorar mi vida/trabajo/relaciones?
    • ¿Qué cosas del libro considero equivocadas o que no encajan conmigo?
  3. Implemento aquellos aprendizajes en mis hábitos/procesos/personalidad. Y aquí está la clave, integrar esos aprendizajes es lo que verdaderamente realiza tu crecimiento frente a una lectura meramente pasiva.
Además, tenerlo todo registrado puedo volver de nuevo a recordar y repasar estos aprendizajes cuando lo necesito.
Termino con una cita que creo recordar habérsela leído a Arturo Pérez-Reverte (aunque se le atribuye Plinio El Joven, cosa que no puedo asegurar porque no lo he leído): «No hay libro tan malo del que no se pueda aprender algo bueno«.
Los tres ejes de la autorrealización profesional
"Quiero morirme de contento, no de viejo."