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Aunque hable aquí con cierta frecuencia de temas personales, creo verdaderamente que a nadie le interesa ni vida, ni mis entrenamientos, ni mi trabajo. Si lo hago es por una parte como una especie de desahogo (al fin y al cabo es mi blog personal) y, por otra, porque a mí me ha ayudado mucho leer experiencias personales de otra gente, me han hecho reflexionar y me han dado energía para cambiar algunas cosas. Sólo pretendo que a alguien le puedan servir la mía.

Tampoco me gustan los halagos, no sé si es algo bueno o malo y no sé cómo encajarlos, y me gusta mucho menos hacer alarde de mi trabajo o de mis logros.

Pero hoy me apetece mucho compartir un comentario de un corredor al que entreno desde hace aproximadamente un año. El motivo no es otro que haberme hecho parar un instante este frenético ritmo vital, reflexionar sobre las cosas que vamos consiguiendo sin darnos cuenta y saborear estos pequeños hitos en las historias de mis corredores.

Su mensaje el martes 22 de octubre de 2014, con la satisfacción del entrenamiento y la comparativa con entrenamientos similares realizados durante el último año (imagen de portada).

Más allá de las marcas y los resultados, el valor que tiene el entrenamiento es esa sensación de progreso, salir a entrenar cada día con ganas, con los típicos nervios por no saberse totalmente capaz de cumplir con los ritmos de las series y llegar a casa satisfecho por haberlo conseguido.

Ver que todos los baches, problemas, fracasos, bajones y lesiones, cuando se trabaja bien y a largo plazo se quedan en una simple anécdota al echar la vista atrás.

Uno de mis principales defectos es que no celebro nada. No celebro mi cumpleaños, ni le doy importancia al de los demás, me resultan indiferentes las fiestas y celebraciones populares y cualquier celebración familiar o personal de terceros sólo me interesa en la medida que mi presencia sea relevante para el anfitrión.

Igualmente no necesito celebrar ningún éxito profesional o deportivo, me basta con la satisfacción interna del trabajo bien hecho.

¡Error! En esta vida hay que celebrarlo todo, lo grande y lo pequeño, reconocer explícitamente el esfuerzo invertido, implicar a los demás en esos éxitos, saborear el momento. Porque eso motiva a la gente a seguir, a ser más optimista, a superarse y a disfrutar de lo que hace. Celebrar es importante.

Aquí no encontrarás respuestas, sólo preguntas
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