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Hace apenas un par de días se conocía (y no por vías administrativas) el positivo por Clembuterol del atleta Miguel Ángel Gamonal. No voy a entrar en el tema de la conveniencia (o necesidad) de hacer o no públicos los nombres de atletas sancionados porque desconozco las leyes que regulan estos aspectos de la privacidad. Sin embargo, esta noticia y el posterior comunicado del atleta me han hecho reflexionar sobre algún aspecto de este caso.

Gamonal expone en su comunicado que es inocente, que él no ha tomado ni esa ningún otro tipo de sustancia y achaca su positivo a una contaminación alimentaria (como Contador) e insinúa algún tipo de «persecución» contra él. También dice textualmente que «los que me conocen, saben cómo soy, saben quién soy y no dudarán de mí«. Personalmente no lo conozco más que de haber coincidido en alguna competición, por tanto, no puedo creer en la inocencia de alguien al que le han pitado las máquinas sin tener plena confianza en la integridad moral de su persona. Y desafortunadamente eso no se tiene de alguien a quien no conoces. Sin embargo, sí que me sorprendió la noticia debido a varios motivos. Por una parte, la situación que él expone de que ya se encontraba fuera de toda órbita del atletismo profesional, lo cual me consta que así era. No veo lógico recurrir al dopaje en su situación excepto si lo que pretendía era volver a entrar en ese círculo. Por otra parte, porque todas las referencias que tenía de él eran de una bellísima persona, un chaval humilde, trabajador y honrado.

Tampoco nos equivoquemos, todos los que dan positivo tienen argumentos para defender su «inocencia», por muy evidentes que sean las pruebas. Pero la situación te lleva a plantearte, ¿y si lo que dice este chico fuera verdad? ¿Y si formáramos parte de un sistema en el que de forma arbitraria le puede tocar a uno u otro? Me gustaría creer en la versión de Miguel Ángel, pero también quiero creer en que el sistema funciona, o que al menos no pagan justos por pecadores (aunque muchos pecadores se vayan de rositas).

Lo siguiente que me cuestiono. El atletismo, como la vida, es injusto. No siempre gana el mejor ni el que más lo merece. Pero el deporte te enseña a aceptarlo con honor y respeto. Ahora imaginemos por un momento que es cierta la versión de Gamonal y de algunos otros que se han proclamado inocentes, y que ha existido una intoxicación o, lo que es peor, que ha habido una persecución y el pobre ha sido un cabeza de turco. En este caso la situación dejaría de ser naturalmente injusta para convertirse directamente en un sistema perverso. Practicar deporte a nivel profesional sería como vivir en un país donde un día, sin más razón, llega la policía a tu casa, te detiene y te meten en la cárcel acusado de algo que no has hecho. ¿Qué haríamos en este caso? A mí sólo se me ocurren dos cosas, luchar contra el sistema jugándote la vida, o emigrar a otro país más democrático y civilizado.

Como he comentado anteriormente, no quiero creer que pertenecemos a un sistema perverso, pero positivos como el de Gamonal te dejan ese resquicio de duda, esa incertidumbre que te hace pensar: ¿y si fuera verdad? ¿y si eso me tocara a mí? ¿Qué haría yo si un día Cristina, en la cual confío incluso más que en mí mismo, sale en la prensa por un caso como este? No sé lo que haría, pero me resisto a pensar que eso es posible. No creo que tuviera ganas ni fuerzas de luchar contra nada, simplemente desaparecer del mapa. Hacemos esto porque amamos el Atletismo, porque creemos en nosotros y porque le da sentido a nuestras vidas. Si algún llega a suceder, cerraré este blog y me iré muy, muy lejos, donde nadie pueda volver a saber de mí.

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