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Si hay una cosa que he aprendido en el tiempo que llevo como entrenador, es a gestionar mejor la presión de los atletas frente a la competición.

No es que lo sepa todo sobre este tema, de hecho creo que aún necesito muchos más años de experiencia para adquirir maestría en este campo, pero lo cierto es que mi visión y forma de hacer han cambiado mucho.

Y ese cambio ha venido fundamentalmente gracias al trabajo realizado con Cristina Jordán, que me ha hecho entender muchas cosas.

Que me perdonen los psicólogos si en algún aspecto técnico estoy equivocado, pero voy a intentar explicar este tema desde mi propio lenguaje y esperando que sea entendible por todos.

La competición es para los atletas algo importante. Lo más importante diría yo.

Saben que es donde realmente se miden, la competición les dice quienes son en realidad (deportivamente hablando), es el día donde se evalúa todo el trabajo previo, se enfrentan a otros rivales, etc…

Pues bien, desde mi experiencia con atletas de todo tipo, desde niños hasta atletas internacionales, pasando por veteranos y simples aficionados, el sentimiento que he detectado con más frecuencia hacia la competición ha sido el de miedo. Sí, miedo. Miedo al fracaso.

Ese miedo se da en mayor o menor medida con total seguridad en más de un 90% de los atletas competitivos, es decir, los que tienen objetivos de rendimiento (sea del nivel que sea).

Y el miedo genera extraños cambios bioquímicos y fisiológicos en el cerebro y en el cuerpo del atleta que suelen tener nefastas consecuencias en el rendimiento.

Sin embargo los entrenadores, llevados en ocasiones por alguna película de Rocky, por las heroicas gestas de nuestros ídolos deportivos, simplemente por nuestro carácter o por una mezcla de todos estos factores, no solo no rebajamos ese miedo a la competición, sino que en ocasiones lo acrecentamos.

Como ya he dicho, más del 90% de nuestros deportistas de forma intrínseca le van a dar a la competición su debida importancia, o más incluso de la que tiene. Su grado de nerviosismo se nota en las semanas o días previos a la competición, acrecentándose a medida que se acerca.

La presión que sienten puede llegar a ser muy grande. Y puede que en realidad no exista tal presión, pero es lo que ellos interpretan, no lo que realmente es.

Por tanto, como entrenadores debemos asumir que no tenemos a tipos con la frialdad de Usain Bolt, la confianza de Gebrselassie, la determinación de Mo Farah. Eso son casos excepcionales.

Conozco pocos atletas que necesiten que les estimulemos, que aumentemos su grado de activación y que necesiten más presión por nuestra parte para rendir más. Eso sólo pasa en las películas.

Lo que debemos conseguir es que ellos hagan una interpretación adecuada de la competición para poder sacar su máximo rendimiento. Os dejo algunos consejos cosas que yo mismo he ido cambiando al respecto de qué transmitir a los atletas para afrontar la competición:

  • La importancia está en el entrenamiento, no en la competición. Si en el entrenamiento se ha hecho lo que se debía en la competición no tiene por qué salir nada mal.
  • Correr (el deporte), no es más que un juego. El resultado es algo que solo nos va a importar a nosotros mismos. Para el resto, sólo será un insignificante recuerdo, o quizá ni eso.
  • Los que están contigo lo seguirán estando independientemente del éxito o el fracaso. Si están a tu lado es por otras cosas. En ningún caso se van a sentir defraudados.
  • Hay que centrarse en cosas que estén bajo nuestro control (ritmo, técnica, etc.) y olvidarse de aquello que no lo está (rivales, climatología, etc.)
  • Concentración sobre lo que pasa en el propio cuerpo, nuestra respiración, relajación, movimientos, sincronía, etc, no sobre lo que pasa fuera
  • Entrenar mentalmente las distintas situaciones de carrera, favorables o desfavorables, durante las semanas previas. De esta manera se estará preparado ante cualquier circunstancia, ya que habremos «vivido» esa situación y sabremos cómo reaccionar
  • Como entrenador, mostrar total serenidad, confianza y tranquilidad, tanto en nuestra actitud como en los mensajes que transmitimos
  • Realizar durante los últimos días/semanas entrenamientos que generen confianza, el trabajo ya se ha hecho durante los meses previos por lo que la confianza es más importante que la fisiología en este momento

Aunque esto nos cueste asumir a muchos y nos gusten más los rituales al estilo película de «300», la realidad es que eso NO FUNCIONA en la mayoría de casos.

Eso sí, es conveniente conocer bien al atleta para poder ofrecerle de manera individualizada los mensajes que necesita.

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