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Cada corredor vive el maratón de una manera particular e individual en función de sus objetivos, expectativas, personalidad, carácter y experiencia. He preparado a numerosos corredores para este reto y no sabría decir si hay más que consiguen su objetivo o que se quedan a las puertas de ello. Preparar un maratón es simple, pero nada fácil. Simple porque no es más que correr a una velocidad constante sobre una distancia determinada. Pero difícil porque los objetivos que se proponen los corredores son cada vez más exigentes, más cercanos de ese límite que todos tenemos. Y tocar los límites requiere que se junten en un solo día muchos factores tanto intrínsecos como extrínsecos: una perfecta preparación, ausencia de lesiones, un buen recorrido, climatología benigna, una enorme predisposición mental y… algo de suerte. Cualquiera que falle nos aleja del límite.
Es por ello que, como entrenador, he escrito una carta para ese corredor al que algo le ha fallado, no siempre se puede saber el qué ni tiene por qué estar en nuestras manos, pero que tras terminar le ha abordado un sentimiento de fracaso y decepción que le hace sufrir más que el propio kilómetro 42:

 

«Ya sé que ayer las cosas no salieron como habíamos pensado, pero gustaría comentarte algunas cosas sobre el maratón. En primer lugar, felicitarte y mostrarte mi más sincera admiración, y no lo digo para quedar bien, como una frase hecha para levantarte el ánimo ni nada por el estilo. Sé lo que cuesta preparar bien un maratón y sé lo que cuesta intentar batir una marca ya de por sí muy buena. Y lo sé no sólo porque he preparado a docenas de personas para ello, sino porque yo mismo jamás me he atrevido a hacerlo. He entrenado con gente que preparaba maratones a alto nivel, he hecho de liebre en entrenamientos y competiciones, pero jamás he dado el paso de decir: voy a entrenar para mí y sacar todo lo que lleven dentro mis piernas. Por eso, simplemente con el hecho de decidir preparar un maratón cualquiera merece mi respeto. Y mucho más alguien que lleva varios a sus espaldas y todavía sigue con la ambición y la ilusión de mejorar sus marcas.

 

En segundo lugar, y vista la decepción que te ha causado no conseguir tu objetivo, quisiera recordarte algunas cosas. Sí, es cierto que cuando no sale la marca que nos hemos propuesto, para la que hemos entrenado y para la que creíamos que estábamos listos, se genera una cierta frustración. Es normal y así tiene que ser. Pero no olvidemos que ese objetivo es algo puramente superficial, es sólo la corteza, una excusa de los verdaderos motivos por los que corremos. Correr, tanto para ti como para los que llegaron del 10º para atrás, es sólo una afición, un entretenimiento. Sí, una afición relevante, quizá correr es algo capaz de cambiar la vida las personas, pero no es ni más ni menos que un hobby. Y lo es porque aunque sea algo que nos guste, algo que nos haga mantenernos sanos y desarrollarnos físicamente, algo que nos permite relajarnos o desconectar de los problemas personales, que nos pone al límite y nos acerca al autoconocimeinto, que nos da la oportunidad de vivir experiencias extraordinarias que nos llenan de vida, que nos facilita conocer gente maravillosa y muchas cosas más, siempre estará muy por detrás de otras cosas: la familia, el trabajo, los amigos, la salud, la felicidad… mientras esto vaya bien, correr siempre será algo prescindible.

 

Por ello, esa decepción que sentimos no puede ir más allá de ser algo momentáneo y anecdótico, no podemos arrastrarlo ni en el tiempo ni hacia nuestro interior, porque el verdadero valor del maratón no está en la marca, sino en los meses de preparación disciplinada, en el esfuerzo que has invertido para encontrar una hora para entrenar entre tus múltiples obligaciones, haciendo calor o frío, teniendo que madrugar o después de una dura jornada de trabajo. Cómo has ido cumpliendo día a día con las pautas marcadas, entregándote en cada entrenamiento, cuidándote durante el resto del día y encarando el maratón con confianza por el trabajo hecho, con valentía para atacar un nuevo récord personal y con inteligencia estratégica para que todo saliera bien.

 

Pero no ha salido tal y cómo lo habíamos planeado. Está claro que cuando no sale bien, es porque algo ha fallado. Pero permíteme recordarte también que ese algo no tienes por qué haber sido tú. Puede haber fallado la dureza del recorrido o las condiciones climatológicas, puede haber fallado una fisiología compleja y caprichosa que a veces te permite tener un día mágico pero otras se atasca sin saber por qué, puede haber fallado tu entrenador al haber previsto o planificado mal alguna cosa, pueden haber fallado muchas cosas y es bueno repasarlo. Lo que no es bueno autoinculparse de todo, castigarse porque el reloj no marca el tiempo deseado y perder el placer por lo que hacemos, dañarse la autoestima e infravalorar el esfuerzo invertido.

 

No eres un paquete, porque paquetes somos todos. Hasta los atletas de élite fallan y cometen errores. No corres para demostrar nada a nadie, solamente para demostrarte a ti mismo que eres capaz de enfrentarte a un reto aterrador. Y lo has hecho. Hoy ha ganado él la batalla, pero el maratón llevaba disputándose 4 meses, y ahí tu has estado brillante. Si quieres te puedo decir lo que eres, porque te conozco un poco y porque sé lo que piensa la gente que te rodea. Eres un tipo trabajador y disciplinado, eres una persona humilde y bondadosa, eres un padrazo y amigo generoso, y eres un deportista entusiasmado y valiente. Por tanto, vales para aquello que te propongas y te genere un mínimo de ilusión. Que los resultados no te la quiten.

 

Si eso no es todo un éxito, que baje Dios y lo vea.
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