Entrenar a tu pareja es algo realmente complejo. Mucho más si se trata de una atleta de alto nivel en el que el entrenamiento es tanto profesión como pasión. Además, si es una persona muy temperamental, el asunto puede desmadrarse de manera bastante frecuente.

Entrenando con Tommy del Olmo, Tamara Sanfabio, Cristina Jordán y Manu Sánchez

Tommy del Olmo, Tamara Sanfabio, Cristina Jordán y Manu Sánchez

Es inevitable que al compartir tantas horas y experiencias juntos, desayunos, comidas, cenas, siestas, entrenamientos, viajes, competiciones, amistades, penas y alegrías, sea complicado marcar una línea que separe nuestras facetas de atleta-entrenador con la puramente sentimental. No es extraño que los problemas de un lado se trasladen al otro, es absolutamente inevitable.

Es por ello que Cristina y yo hemos adquirido algunas estrategias para «insuflar un poco de oxígeno» e impedir que el aire que rodea nuestra relación profesional y personal no llegue a viciarse en exceso. En este sentido una de las primeras decisiones que tomamos fue la de apoyarnos en algún otro entrenador que pudiera dar un carácter diferente a los entrenamientos. Por una parte, esto relajaría un poco la tensión que se puede acumular cuando las cosas no van todo lo bien que uno espera. Como dice mi padre, «los Santos de fuera hacen más milagros que los de casa» y, a veces, una sola opinión de una tercera persona que ofrezca otro punto de vista, o simplemente que refuerce lo que venimos haciendo, es más válida que insistir mil veces uno mismo en la misma cosa.

Por otra parte, existía un pequeño (gran) vacío de conocimientos y experiencia en el trabajo de técnica de carrera, por lo que necesitaba a alguien con suficiente bagaje para que no sólo pudiera hacer mejorar a Cristina, si no de quien poder aprender.

Inmediatamente me puse en contacto con Manu Sánchez, un buen amigo con el que compartí mi último año en la facultad. Su experiencia como velocista de nivel nacional y su formación específica en el análisis y didáctica de la técnica de carrera encajaban perfectamente con lo que buscábamos. Desde que empezamos el trabajo con él tanto Cristina como Tomás (joven triatleta convertido a velocista) han mejorado sustancialmente no sólo su técnica, si no su capacidad de aprendizaje y comprensión del atletismo. Por mi parte, me empapo cada día de sus conocimientos y explicaciones, y también he mejorado (todavía queda mucho) mi capacidad de observación, corrección y de diseño de progresiones didácticas.

Dada la grata experiencia que estamos viviendo, os dejo una lista de reflexiones y consejos que me he tomado la libertad de plasmar por escrito. Disculpad mi osadía:

  • Si entrenas en pareja, integra más personas en tu equipo. Si no, también.
  • Si integras más personas en tu equipo, intenta que sean mejores que tú. Si no, relaciónate lo máximo posible con otros profesionales (también mejores que tú).
  • Si trabajas con personas mejores que tú, aprende de todas y cada una de sus palabras. Si no, aprende también. No existe ninguna persona de la cual no pueda aprenderse absolutamente nada.
  • Demuestra lo que sabes… y reconoce lo que no sabes.
  • humilde.
  • ambicioso.
  • Escucha.
  • Exige. A tí mismo y a los demás.
  • agradecido.
Esta es mi opinión y mis consejos, ¿cuáles son los vuestros a la hora de trabajar con tu pareja y/o en equipo?

Trabajar en equipo no es una virtud, es una elección consciente y voluntaria que surge construyendo lazos de confianza basados en la vulnerabilidad humana que muestran los integrantes del equipo, ante sus errores, temores, y dificultades. Patrick Lencioni

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