Creo que no me arriesgo mucho al afirmar que la confianza es catalizador necesario e imprescindiscindible para que un buen estado de forma se convierta en un buen rendimiento competitivo. Y, en ocasiones, los entrenadores tenemos que hacer cosas poco ortodoxas para conseguir que un atleta gane esa confianza. Hoy me gustaría contar un caso reciente y real que lo ilustra a la perfección.

Cristina Jordán, una atleta que lleva toda la vida compitiendo, que lo ha ganado todo en categorías menores y que lleva 4-5 años compitiendo entre las 10 mejores atletas de fondo nacionales. Como ya he contado en anteriores ocasiones, los problemas de salud no nos han facilitado en ningún caso ya no progresar y seguir creciendo, sino mantenernos en ese nivel. Mononucleosis, fatiga cardíaca, inserción isquiotibial, hipotiroidismo (2 episodios) son algunos de los obstáculos que hemos tenido que superar, empezando del cero absoluto, con meses de lucha contra su propio cuerpo en cada una de las ocasiones. Si hay algo que destacar en Cris es la perseverancia en la búsqueda de su éxito deportivo. Afortunadamente, este año estamos entrenando sin problemas, los entrenamientos y la recuperación van viento en popa y todo nos hace esperar que seguiremos mejorando hasta final de temporada.

La temporada empezó en noviembre, con un calendario muy saturado de competiciones para mi gusto, por lo que descartamos realizar cualquier otra cosa que no fuera campo a través, excepto los 10km de Gimástica de Ulía en enero. Primera competición, Cross Internacional de Atapuerca, toma de contacto sin presión, sabemos que estamos lejos de los puestos clasificatorios para el europeo de cross. Salida lenta y, al primer cambio de ritmo, Cristina perdiendo comba, cada vez más atrás, hasta que a mitad de carrera se para llorando frente a mí, diciendo ¿qué hago? ¡Sigue, llega a meta como puedas! No le dimos más importancia, un mal día y a seguir.

Los siguientes crosses, Espada Toledana, Aranda de Duero y Quintanar de la Orden, bien, no espectacular pero dentro de lo que se esperaba. Llegamos a enero con los 10km de Gimástica de Ulía en mente, descansando bien esa semana y con muchas ganas. Mis pronósticos son hacer una carrera en torno a 3:25/km para correr en 34:15-34:00, que es lo que me indican los entrenamientos. Al final 35:08, sufriendo al límite, pero desde fuera muy agarrotada, poco suelta desde el primer metro.

Empiezo a preocuparme porque tras una semana suave, con muchas buenas semanas entrenamientos, con un día espléndido, ya no el tiempo, sino la forma de correr no era buena. Peor que entrenando, mucho peor. Renunciamos a ir al fin de semana siguiente al Cross de Itálica, creo que no está para una competición de tal exigencia, siempre se corre muy rápido allí, con todas las rivales directas del campeonato de España… Prefiero entrenar dos semanas seguidas bien y coger confianza para el Cross de Elgoibar. Ese fin de semana lo aprovechamos a tope desde el viernes gracias a Aritz Urdampilleta y Anna Sauló de Elikaesport, realizando las antropometrías y pruebas pertinentes, repasando la alimentación y programando la nutrición de las próximas semanas. Lo pasamos bien con ellos y nos motivamos a tope para el Cross de Elgoibar. Empieza a calentar y la veo suelta, fácil. Le pregunto. Muy buenas sensaciones, se encuentra fenomenal, hoy es el día, me dice. A diez minutos de la salida, le ayudo a ponse el dorsal y noto algo raro. Está tensa, susceptible. Dan el pistoletazo y se pone en medio del grupo. Pasa frente a mí alrededor del primer kilómetro, me levanta el pulgar, todo OK. Pero yo no lo veo muy OK, va muy sentada y demasiado atrás para la forma en la que le gusta a ella. Primera cuesta y va cola de grupo, las demás se van y ella se queda. Segunda cuesta y, a lo lejos, veo su silueta con un gesto muy típico suyo de rabia, deteniéndose antes de terminar la primera vuelta grande. No sé por qué pero no me sorprende.

Nos marchamos del cross rápidamente, sin despedirnos ni hablar con nadie. No estamos como para eso. El viaje de vuelta en coche… difícil. No sé si fue bueno o malo lo que le pasó, pero al menos nos sirvió para hacer una reflexión más profunda de dónde estábamos, porqué hacemos lo que hacemos y por qué las cosas no estaban funcionando. En ocasiones hay que tocar fondo para recordar qué es lo verdaderamente importante. En ese momento decidimos no competir nada más hasta el Cto. de España, no estoy dispuesto a someterla a otra experiencia que pueda agravar más este problema, al menos hasta entonces.

Llegamos a Arroyomolinos tras 5 horas de viaje, después de un día horroroso. Al pasar por la pista, detengo el coche y le digo:

– Cris, bájate y calienta 15′

– ¿¿¿¿¡¡¡¡Cómo!!!!????

– Que te bajes del coche, calientes 15′ y no hagas preguntas.

Es ya de noche y nos metemos en la pista. No hay luz y no nos quieren encender los focos.

– Házte un par de rectas.

Las hace sin abrir la boca. Cuando ya cree que nos vamos para casa, le digo:

– Te he traído aquí para realizar un acto de fe. Para que me demuestres hasta qué punto confías en mí pero, sobre todo, para que te demuestres a ti misma que sabes y que puedes correr bien. Estás cansada, ha sido un día duro, la carrera, el abandono, el viaje largo. Sólo tienes ganas de llegar a casa y meterte en la cama. Pero quiero ver con mis propios ojos que puedes hacer lo que te pido. Y eso no es más que experimentar el aquí y el ahora. No importa la fatiga, no importa el dolor, no importan las horas, ni siquiera que estemos completamente a oscuras. Cualquier cosa que digas no serán más excusas. Porque aquí estamos tú, yo y la pista, y en estos momentos no existe nada más que esto en tu vida. Olvida todo lo que hay fuera y concéntrate en hacer bien lo que sabes. Eso es lo que quiero que me demuestres, que eres capaz de sentir el placer de correr, obviando absolutamente todo lo que ha pasado hace una hora o un hace un año. No hay excusas. Hazte un mil.

Termina el mil y le pregunto cómo se siente. Mucho mejor. Hazte otro. Corre suelta, fluida, con rabia pero disfrutando. Hazte uno más y vacíate. Puffffff… pura terapia. Lo cierto es que le quería tener haciendo miles hasta que se le cayera el pelo, pero con esos tres creo que se demostró que:

  1. Era capaz de centrarse en lo importante a pesar de las circunstancia
  2. Era capaz de disfrutar corriendo
  3. Era capaz de correr suelta y fluida

Lección aprendida. Pero no termina aquí, ya que para mí esto no iba a estar zanjado hasta que esto mismo fuera capaz de hacerlo en competición. Pero por otra parte me parecía precipitado correr otro cross de alto nivel. Antes de volver ahí necesitaba algo intermedio, una competición que no pudiera generarle miedo, presión, sino que le resultara fácil volver a experimentar lo del domingo por la noche. Y que no fuera una paliza de viaje. Miro el calendario, tenemos este fin de semana la Media Maratón de Getafe, al lado de casa. Perfecto, pienso. No tiene referencias en esa distancia porque nunca ha corrido una media, por tanto no hay presión de marca. Suelen correr 4-5 africanas que están fuera de su alcance, pero no habrá ninguna otra chica que pueda ser rival en el Cto. de España, por lo que no tendrá presión de los puestos. Y no la hemos preparado de manera específica, así que no hay presión de nada. Llamo a su mánager para comentarle el caso, preguntarle su opinión al respecto y ver si nos podía sacar un dorsal, ya que estaban agotados. No veo que le haga mucha gracia la idea, pero lo comprende y accede. Lo cierto es que yo estoy convencido de ello, así que me daba un poco igual que no fuera lo más lógico, sí o sí en las próximas dos semanas teníamos que correr en algún sitio fuera del circuito de cross para recuperar la confianza perdida.

La idea inicial era no decirle a Cris hasta el sábado que iba a competir el domingo, aprovechando el factor sorpresa a mi favor. Pero en una pequeña discusión doméstica se lo suelto como argumento (no me gusta nada perder las discusiones en casa). Entrenamos bien esta semana, martes 500+1000+1500+2000+1500+1000+500, entreno de supervivencia después de un fin de semana duro emocionalmente, y 15×200 el jueves, corriendo muy, muy bien, mejor que ningún otro día. Es el primer fin de semana de toda la temporada donde el sábado está deseando que llegue la carrera. Tiene ganas, transmite ilusión. El domingo se levanta de un inusual buen humor por la mañana (¡Aleluya!) y nos marchamos para allá. Avituallamientos… pufff, nunca ha corrido una carrera con avituallamientos, nunca los hemos entrenado. Creo que lo ideal hubieran sido un par de geles, kilómetro 8 y 16. Le pregunto y sólo tiene un gel. Da igual, para nuestro objetivo, como si no quiere tomarlo. Para mí, el objetivo nº1 es correr suelta, fácil y disfrutar de la carrera. Si termina en 1h17′ está bien, y si hace 1h16′, estupendo, para eso no necesita tomar ningún gel. Aunque sé que teóricamente puede hacer menos tiempo, me da igual en esta ocasión.

En el calentamiento nos encontramos con Estela Navascués y Sonia Bejarano. Cristi, no es tu guerra, ellas están preparando el maratón, están fuertes, recuerda a lo que has venido tú. Dan la salida y me voy al km10. Pasa Estela en 35′ aprox, Sonia unos 20” por detrás y Cris pasa el 10k en 35:30. Madre mía, no es que la vea incapaz de ir a ese ritmo, pero sin experiencia en la distancia y con las circunstancias que venimos… como le dé un bajón menuda semana me espera. Me voy al km20 y sufro como un auténtico perro hasta que la veo pasar. Ha hecho el 2º 10k en 36:00, muy bien, las otras chicas le sacan un minuto, pero yo estoy muy contento porque la veo correr fantásticamente. Al final 1:15:11 y 3ª posición. Corriendo bien y disfrutando como una enana. Esto sí que se corresponde más con lo que yo veo en los entrenamientos.

A partir de ahora las próximas competiciones dirán si esto ha servido o no para algo, pero lo cierto es que nosotros hemos aprendido. Así que, amigos, espero que hayáis entendido la diferencia entre correr SIN confianza y correr CON confianza. De correr un 10k en 35:08 dándolo todo a pasar el 10k de una media en 35:30 fácil, para acabar en 1h15′. Y las cosas que somos capaces de hacer por algo tan obvio, que tanto solemos dar por hecho, algo tan inmaterial pero a su vez tan determinante: LA CONFIANZA.

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