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Aunque los corredores de larga distancia no se identifiquen mucho con los términos «fuerza» o «velocidad» , lo cierto es que irremediablemente se encuentran sometidos a estas dos variables en todo momento. Aunque la palabra resistencia nos resulte más cercana, apropiada e identificativa, si nos ponemos ortodoxos podríamos decir que prácticamente todos los corredores somos corredores de velocidad. Bueno, tendré que explicarme mejor.

Cuando participamos en una competición, el rendimiento se mide sobre una distancia (que es constante e invariable), por ejemplo 10km, y por el tiempo invertido. Nuestro objetivo es cubrir esa distancia (constante) en el menor tiempo posible, por tanto lo que buscamos es VELOCIDAD. Espacio / Tiempo = Velocidad. La máxima velocidad para esa distancia, pero velocidad al fin y al cabo. Desde los 100 metros lisos hasta el mayor ultrafondo que podáis imaginar. Siempre e/t=v, el que gana siempre es el más rápido. Resistencia sería si nos impusieran una velocidad constante y el objetivo fuera «aguantar» más tiempo que los rivales, pero eso en el Atletismo no existe.

¿Y cómo se consigue esa velocidad? Pues aplicando FUERZA. Ni más ni menos, no hay otra. Las capacidades físicas como la resistencia y la velocidad, o la técnica misma, no son más que distintas manifestaciones de la fuerza. La resistencia es la capacidad de mantener un nivel submáximo de fuerza durante un periodo prolongado, la velocidad es la consecuencia de cuán rápido aplicamos esa fuerza, y la técnica es la aplicación de las fuerzas en magnitud y dirección óptima. Da igual si la energía para generar esa fuerza es el sistema aeróbico o anaeróbico, si nos desplazamos rápido o despacio, ¡estamos sometidos a la fuerza!

Quizá no entendáis a qué vienen todas estas divagaciones filosófico-conceptuales, pero creo que tenía que explicarlo para poder publicar más adelante un post sobre el triángulo FTV (Fuerza-Técnica-Velocidad).

El corredor masoca
La economía de carrera