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Una duda frecuente entre todos aquellos que siguen un plan de entrenamiento, ya sea supervisado o estándar, es qué pasa cuando por motivos físicos, familiares o laborales no se puede realizar el entrenamiento que corresponde a un día determinado. El primer instinto del corredor comprometido, responsable y motivado es recuperarlo al día siguiente o en próximo día de descanso, pero vamos a ver si eso es lo óptimo para seguir progresando en la construcción del estado de forma óptimo.

Podemos poner un símil con la construcción de una pared. Cuando construyes una pared, tú decides si pones 10 ladrillos en un día o si vas poniendo uno sólo cada día. Al final el resultado es el mismo, los ladrillos son rígidos y una pared son 100 ladrillos, tanto si pones 10 al día o uno cada día. ¿Son los entrenamientos un «ladrillo rígido»? La respuesta es NO. No es lo mismo dos rodajes de una hora que un rodaje de dos horas. Puede ser «parecido» pero, desde luego, igual no es. Entonces, ¿qué hacemos cuando nos vemos obligados a saltarnos un entrenamiento?

Norma general: entrenamiento fallado, entrenamiento perdido

Si estás siguiendo un programa de entrenamiento lo normal es que esté diseñado respetando un equilibrio entre la carga de entrenamiento y el descanso, con los días más fuertes separados por días de entrenamiento más suave o de descanso, o con entrenamientos con distintos objetivos fisiológicos alternados para que no haya interacciones negativas entre entrenamientos. Por tanto, cuando se intenta recuperar un entrenamiento no realizado lo más probable es que alteremos ese equilibrio y que pongamos dos cargas altas demasiado cercanas o entrenamientos incompatibles de manera consecutiva. Por tanto, lo mejor cuando se falla un entrenamiento es planteárselo como un día de descanso y no alterar la estructura semanal, y estar en óptimas condiciones para realizar lo que resta de entrenamiento.

Excepciones a la norma

Por supuesto que, cuando se dispone de entrenador, quien debe decidir cómo se gestiona esta situación es el entrenador. Y es que no necesariamente debemos perder ese entrenamiento, pero sí saber muy bien cómo reorganizar el entrenamiento para que recuperarlo no sea peor que perderlo. Los corredores que realicen un plan de entrenamiento con baja densidad de carga, es decir, cuando hayan suficientes días suaves o de descanso, probablemente no exista problema para recuperar un entrenamiento al día siguiente siempre y cuando no se realicen dos entrenamientos fuertes consecutivos. Por ejemplo, un plan de entrenamiento tipo M-J-S-D donde se realice un entrenamiento interválico martes y sábado y rodajes los jueves y domingos, sí tiene sentido si se pierde el entrenamiento del martes realizarlo el miércoles porque hasta el sábado todavía hay un día de entrenamiento más suave y otro de descanso completo.

En cambio, en programas con mayor densidad de entrenamiento, donde hay 6 ó 7 días de entrenamiento y donde existan tres días de carga alta, entrenamiento de fuerza, etc… el equilibrio se compromete cuando cambiamos un día y probablemente para recuperarlo tendríamos que decidir perder otro entrenamiento que para nosotros tuviera menor importancia por ser menos específico o por el motivo que sea.

Por tanto, como norma general aplicaremos el «entrenamiento fallado, entrenamiento perdido» y, en caso de decidir recuperar el entrenamiento porque sea un entrenamiento clave en los objetivos de la semana, debemos siempre respetar los principios del entrenamiento y para ello mejor consultar con un entrenador.

Adaptarse a las circuntancias
Vamos a dar un mordisco a la Gran Manzana