Seleccionar página

Cada semana, tras los entrenamientos con mi amigo y compañero Manu Sánchez, siempre terminamos con algún tema de conversación interesante. Con mucha frecuencia la conversación termina derivando en cómo debería ser el desarrollo de un atleta desde sus inicios hasta su madurez, y divagamos durante tiempo con nuestras propias (y probablemente, en muchas ocasiones erróneas) teorías. En un post anterior expuse un modelo que me pareció tremendamente acertado, y que actualmente está implantado en Canadá tal y como nos explico Wynn Gmitrosky en las últimas Jornadas sobre el Presente y el Futuro de las Categorías Menores en el Atletismo. Particularmente, considero fundamental para un óptimo desarrollo y un futuro rendimiento máximo respetar los siguientes principios:

Técnica de Carrera Cristina Jordán

Desarrollo multilateral

En sus inicios, los atletas deberían desarrollar todas las capacidades, tanto físicas como coordinativas y cognitivas, sin buscar todavía la especialización. Además, es importante empezar con objetivos de desarrollo del propio atleta y no competitivos. Es frecuente ver en muchos casos como a jóvenes atletas de 12, 14 ó 16 años se les prepara «para una competición o campeonato», obviando lo que realmente es importante para ellos: el aprendizaje. Podemos «orientar» el entrenamiento hacia esa competición, pero a esas edades no es nada adecuado que sea un objetivo por encima del propio desarrollo físico y técnico.

Desarrollo técnico

Algo también por desgracia muy frecuente, es el intento de mejorar las prestaciones de un atleta a base de mejorar sus capacidades físicas (resistencia, fuerza, velocidad…) sobre una mala base técnica. De esta forma acumulamos un gran volumen de entrenamiento de un mal gesto, además de unos malos hábitos. Esto se irá asentando en la motricidad y la actitud del atleta y va a mermar su potencial  futuro de rendimiento. Además, estoy convencido de que un gran numero de las lesiones que se producen en el atletismo son evitables y vienen fundamentalmente por dos vías:

  1. Mala ejecución técnica, tanto en el gesto específico competitivo como de los ejercicios inespecíficos que se utilizan para el entrenamiento.
  2. Unos malos hábitos como pueden ser la falta de estiramientos, mala nutrición, no respetar el descanso, escatimar en medios de prevención y recuperación (fisioterapia, podología, etc.) o material de entrenamiento.

Mejor es mejor

Otro de los males que imperan en el atletismo es la obsesión por el volumen. El volumen está tremendamente mitificado, en algunos casos de atletas y entrenadores parece que sea su piedra filosofal. Y puede ser verdad. Pero para mí es una verdadera estupidez incrementar en exceso el volumen cuando todavía existen deficiencias técnicas, la técnica carece de estabilidad, o cuando todavía no existe consistencia en cuanto a regularidad en entrenamientos, rendimientos en competiciones o equilibrio y hábitos vitales. No es que haya que entrenar poco porque sí, si no que hay que entrenar la cantidad justa (o menos) para no comprometer el correcto desarrollo del atleta. Los aumentos de volumen deben venir sobre la base de una buena técnica.

Una de las anécdotas que Manu y yo comentamos a menudo, es la de esos entrenadores que dan con un gran talento, y al ver que es bueno se ponen a machacarlo hasta que, en la mayoría de los casos, termina con un infierno de lesiones que le impiden desarrollar una buena carrera deportiva, o llega a la categoría absoluta habiendo agotado toda su reserva de adaptación, o simplemente abandonan el deporte por el «síndrome del burnout«.

Y es que según «nuestra teoría», a más talento, menos entrenamiento.

 

El principio de progresión de la carga (de entrenamiento)
¡Sigue!