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En un periodo no muy amplio de tiempo se han popularizado enormemente las pruebas de ultraresisencia, tanto en carrera a pie, ciclismo, triatlón, etc. Cuando le cuentas a tu mujer, a tu hermano a tu cuñado, o a los compañeros de oficina a la hora del café que te has apuntado a un Ironman o a un Ultra Trail de 100km, aparte de pensar que estás completamente tarado, su primera reacción será pensar: «¡Menuda barbaridad! Eso no puede estar al alcance de todo el mundo». Sin duda, los has impresionado. Una prueba de 10h, 12h, 15h o 2 días dándole a la zapatilla o el pedal puede ser algo épico.

Imagen extraída de Wikipedia

Sin embargo, no veo más complicado llevar a alguien a más distancia que llevarlo a correr más rápido en distancias inferiores. Si obviamos a los profesionales que se dedican a este tipo de disciplinas, en el círculo amateur el valor de una de estas pruebas largas es terminar y todo el esfuerzo que conlleva la preparación. Da igual cuánto tiempo inviertas, has llegado y has triunfado. Por el contrario, cuando alguien se propone mejorar su marca en 10km, en 5km, en 800m o en 100m, el proceso se complica, las probabilidades de fracaso aumentan, el coste de superar tu límite cada vez es más elevado y la reacción de la gente acerca de tu objetivo es más bien de indiferencia.

La diferencia entre prepararse para correr más distancia y correr más rápido viene fundamentalmente en que correr despacio es algo al alcance de (casi) todo el mundo. Cuanto más alejada esté la velocidad de la prueba de nuestra velocidad máxima (límite funcional) y más por debajo de nuestro umbral de láctico, más va a depender el éxito de factores psicológicos y volitivos que de mero potencial físico. No quiero decir con esto que no haya que entrenar, ni que todo el mundo esté listo para hacerlo, ni que sea algo fácil. Simplemente quiero decir que el peso específico de la preparación física y técnica es menor en las ultradistancias (donde el reto es simplemente llegar) que en carreras cortas, ganando mayor peso los aspectos motivacionales, tácticos, psicológicos y… de echarle arrestos.

Particularmente de los corredores de ultrafondo me impresiona su fuerza de voluntad, su disciplina, su determinación y su constancia. No he entrenado a ninguno que no reuniera estas cualidades. Por contra, de los que el reto que se plantean es la velocidad, admiro su grado de competitividad, la autoexigencia, la precisión en el entrenamiento y la perseverancia cada vez que no consiguen su objetivo. Dos formas de tomarse las carreras. Eso sí, si quieres impresionar a alguien, no le digas que corres 1500m (él también podría), dile que corres 100km.

El miedo a la competición
Lo que me motiva para seguir