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Hace unos días observé por la calle a un padre corriendo con su hijo. El niño debía rondar los 9-10 años de edad, e iban trotando por el centro del pueblo, supongo que de vuelta a casa. Me imagino (digo me imagino porque no soy padre, pero soy hijo y también trato con muchos niños deportistas y sus padres en mi trabajo) que para un padre debe ser una experiencia magnífica poder practicar un poco de deporte con su hijo, aunque también es cierto que quizá algún profesional de la educación física se muestre receloso ante el hecho de que un niño esté bajo la supervisión de su padre a la hora de practicar ejercicio. Llegados aquí, se me formula una pregunta: ¿es bueno salir a correr con nuestros hijos?

 

¿Es bueno salir a correr con nuestros hijos?

Pues en mi opinión, desde luego que sí. Sin embargo, conviene matizar la diferencia entre «salir a correr con» y «entrenar a» nuestros hijos. Sin duda alguna el ejercicio es algo vital para el desarrollo de los niños, como ya he comentado en anteriores entradas. Y qué mejor forma que hacerlo en familia, donde aparte de los beneficios fisiológicos aporta una experiencia para fortalecer los vínculos entre ellos, divertirse, etc. Todavía recuerdo alguna vez hace muuuchos, muuuuchos años que salí a montar en bici con mi padre (cuando él todavía podía ;-)). Compartir una afición común es lo más bonito que puede haber.

Algunos podrían pensar que correr con un niño es una barbaridad, porque los niños tienen una capacidad física mucho menor, porque les supone un sobreesfuerzo, porque deben practicar deporte con niños de su edad, porque su ejercicio debe estar supervisado por un profesional, etc… Bueno, los niños están hechos para jugar, correr, saltar… el problema es que muchas veces tendemos a irnos a los extremos, el del sobreentrenamiento y el de la sobreprotección, ambos nefastos. Por una parte, tenemos el ejemplo de muchos atletas africanos que cuentan su historia de cómo de niños realizaban el camino al colegio (de varios kilómetros) corriendo cada día. Si ellos pueden es porque están acostumbrados a eso desde muy temprano, no porque el ser humano no tenga capacidad para hacerlo.Por desgracia me encuentro con multitud de niños de 8-14 años con muy baja forma física, perezosos, sin ganas de esforzarse lo más mínimo y con poca motivación intrínseca por el deporte. En un porcentaje más alto de lo deseable. No obstante, creo que esa conducta es algo aprendido, el niño está programado para jugar hasta cansarse ya que es su manera de aprender. Cuando me encuentro un niño sin ganas de entrenar lo atribuyo (excepto casos excepcionales en los que existe algún problema físico o psíquico) a la educación que han recibido de los padres. Un niño no necesita que le obliguen a hacer ejercicio, le sale, simplemente hay que evitar coartarle. Y cuando no se le da ejemplo y encima se le ofrecen demasiadas posibilidades de «diversión sedentaria», el niño termina por acomodarse ya que su motivación se orienta hacia esas actividades.

¿Cómo correr con tu hijo?

Como hemos planteado anteriormente, la cuestión no es si es bueno o malo, sino cómo hacerlo. Siguiendo unas simples pautas podemos hacer de nuestra afición un momento sano y productivo en familia:

  • No hay que obligarle a salir a correr en contra de su voluntad. Es cierto que el ejercicio debe ser algo obligatorio (como comer fruta y verduras), pero también debe hacerlo de manera lúdica. Si ya realiza otras actividades físicas en cantidad suficiente, mejor no forzarle. Si consideramos que necesita hacer más ejercicio para su salud y desarrollo, busquemos una actividad que le guste.
  • Realizar la carrera a una intensidad baja o moderada. A no ser que tengamos a un auténtico talento, lo habitual es que nuestra capacidad de rendimiento sea muy superior a la del niño. Hay que llevar un ritmo al cual, aún suponiéndole un esfuerzo, vaya cómodo y pueda mantener sin problemas. Si el niño quiere y puede ir más rápido, que salga de él.
  • No realizar volúmenes altos. Esto también es muy subjetivo, porque habrán que no aguantarán más de 10 minutos y otros que podrían hacerlo durante una hora. No recomiendo realizar recorridos que lleven más de media hora.
  • Realizar pausas si lo necesita. Si detectamos que empieza a jadear y a bajar el ritmo, es mejor correr con pausas cada determinado número de minutos que forzarle a llegar al final sin parar.
  • No entrenarle. A no ser que se tengan conocimientos específicos de entrenamiento infantil, es mejor que esto simplemente sea una actividad lúdica y placentera que un entrenamiento para mejorar su rendimiento. Para entrenarle ya están los profesionales que saben de esto. ¿O acaso también le das clases de música?
  • No salir a correr si su agenda está sobrecargada de deporte y ejercicio. Entreno a niños que practican dos deportes, entrenan dos veces por semana cada uno, más el partido y la competición, más las horas de educación física, más lo que juegan en el patio o tras las clases… ¿realmente en este caso es necesario salir a correr?

Todo esto tan sólo es una opinión mía, no existe ciencia tras mis palabras ni creo que haya patrones que sirvan para todos los casos, pero creo que estos consejos pueden ayudar a no pasarse ni a quedarse corto. ¿Vosotros salís a correr con vuestros hijos? ¿Seguís alguna pauta cuando lo hacéis? ¿Qué tal es esa experiencia?

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