El pasado miércoles llegué con casi una hora de antelación a la pista donde entreno a los niños del Club de Atletismo de Arroyomolinos. Una oportunidad perfecta para sacar 40′ de rodaje, así que me calcé las zapatillas, conecté el cronómetro y me di una vuelta por la vía pecuaria. Regresé a las instalaciones y el cronómetro todavía marcaba 35:00 así que decidí llegar a los 40:00 dando vueltas por el campo de césped artificial. Estaba completamente solo, nadie en el campo, ni en la pista, ni en las gradas, de manera que se me ocurrió la estupidez de empezar a correr con los ojos cerrados.

Correr con los ojos cerrados, una técnica para la autopercepción

Soy un entrenador que le da mucha importancia a las sensaciones de mis atletas, me gusta conocerlas y trato de sacarles toda la información posible en ese sentido. Además, también me gusta experimentar con mis propias sensaciones, por eso a veces peco de un excesivo análisis que me aparta del placer de correr. Sin embargo, en esta ocasión el experimento resultó ser de lo más atractivo para mí.

Traté de correr a lo largo del campo, sobre la linea lateral, a un ritmo cómodo pero pensando en todo momento en la fluidez, alineación, amplitud. Lo que llamamos correr bonito. Cada 8 o 10 pasos abría un segundos los ojos para comprobar que no me estaba desviando demasiado y corregir la trayectoria. Al llegar a la linea de fondo trote de recuperación a lo ancho del campo hasta la otra banda (con los ojos abiertos, que hay una portería en medio). Al privar al cerebro de uno de los sentidos más importantes, la atención y la percepción del resto de sentidos se focaliza de tal manera que empiezas a notar cosas que habitualmente pasan desapercibidas. Disfruté.

¿Qué te puede aportar correr con los ojos cerrados?

Bueno, quizá haya formulado una pregunta para la que todavía no tengo respuesta, ya que sólo fueron 5 minutos, pero de entrada percibo ciertas cosas para las que podría ser útil. El siguiente paso sería volver a hacerlo grabándome en vídeo desde fuera, para comprobar cómo se corresponden las sensaciones que percibo con lo que realmente está pasando por fuera. Intuyo que este tipo de ejercicio podría servir para:

  • Autoconocimiento. Generalmente somos demasiado dependientes de lo que vemos, a mucha gente le cuesta gestionar sus sensaciones y tienen poca consciencia y control sobre la gestión de su movimiento, el ritmo, la energía, etc…
  • Concentración. Eliminar un sentido te obliga a focalizar tremendamente la atención en todo tu cuerpo, ya que el tacto y el oído deben solventar el problema del equilibrio, la orientación, el ritmo.
  • Precisión gestual/Control del movimiento. Para correr en linea recta privados del sentido de la vista es necesario un control, una simetría y una homogeneidad en cada una de las zancadas, que puede ser un método más para trabajar la técnica de carrera.
  • Apoyo. Una reacción inmediata e involuntaria al cerrar los ojos es que los pies se levantan más del suelo, dejan de arrastrase y «pendulear» por el miedo a tropezar con un obstáculo. El pie puede reaccionar ante una alteración del terreno si va de arriba a abajo, pero si golpea de detrás a delante… estamos en el suelo. Eso favorece un apoyo más medial, y en caso de que ese sea nuestro objetivo en el trabajo técnico, también podría ayudar para facilitar ese apoyo de manera «involuntaria».

Dicho todo esto, lo que acabo de exponer son meras hipótesis que tendré que ir explorando y comprobando con el tiempo. Sin embargo, sólo la experiencia de poder sentir tu cuerpo desde dentro ya merece la pena, el placer de correr, rebotar, flotar, fluir, es inmenso.

¡ATENCIÓN! Esto sólo debe hacerse en un terreno totalmente liso, en un espacio libre de obstáculos y de personas, si acaso con algún compañero que pueda observarte y corregirte.

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