Terminamos el día y las fiestas navideñas regresando a casa tras la 84ª Carrera Internacional Gimnástica de Ulía, en San Sebastián. Es la segunda vez que Cristina participa en esta competición y qué decir del trato recibido, impecable se queda corto. Gente que resiste con su tradición de organizar esta carrera el día de Reyes con enorme pasión, y que ve asomar a la vuelta de la esquina el centenario.

 Mañana vuelve a salir el sol

En términos deportivos, venimos de unas semanas de muchos y muy buenos entrenamientos, por lo que llegamos confiados de poder subir al pódium. Y más tras enterarnos de la baja a última hora de la rival más fuerte, Malika Asahssah. Hay dos cosas que para mí son fundamentales en competición. Por una parte la confianza, de la cual no íbamos cortos. Por otra parte, la frescura, que es quizá lo que no hemos tenido en cuenta en esta carrera. La idea era clara, sabiendo que las otras tres rivales eran ligeramente superiores, Cristina debía intentar salir pegada a ellas hasta donde el cuerpo dijera basta. Hemos planteado una carrera kilómetro a kilómetro, no un 10k. Sin embargo, el primer kilómetro a ritmo de 3:13 y el viento han pasado factura y en ningún momento ha encontrado esas sensaciones de “correr fácil” con las que hemos entrenado últimamente. Era quedarse o no llegar. Finalmente ha hecho su carrera lejos de sus rivales terminando en 34:58.

Así primera vista no es un resultado ni mucho menos satisfactorio, pero al fin y al cabo una mala carrera puede ser un buen entrenamiento. Y mañana, vuelve a salir el sol.

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