Hay dos cosas que como entrenador no soy capaz de soportar. Las quejas y las excusas. Pero no hay nada tal limitante para un atleta como las quejas sobre las tareas de entrenamiento. Curiosamente, a toda queja le acompaña su excusa:

  • … es que estoy cansado
  • … es que soy lento
  • … es que no me sale
  • … es que no tengo tiempo
  • … es que eso es mucho
  • … es que soy muy malo
  • … es que son muy buenos
  • … etc hasta el infinto.
Desde hace mucho tiempo, cuando alguien pronuncia un “es que” jamás escucho lo que va después. No me importa lo más mínimo, porque todos los “esques” siginifican lo mismo: no he hecho todo lo que debía/podía para mejorar porque no he puesto suficiente empeño/voluntad.

Destruye la queja

Ninguna queja ha solucionado jamás ningún problema. ¿Tienes algún problema? Céntrate en la solución y no en el problema. Piensa, reflexiona, pregunta, déjate aconsejar, pide ayuda… pero no te quejes, actúa hacia la solución.

Además la queja es peligrosa, porque se contagia. Una actitud quejica aislada puede convertirse en una actitud generalizada del grupo, así como una actitud positiva también puede hacerlo. No aceptes quejas, córtalas de raíz y fomenta el enfrentamiento del problema, la búsqueda de soluciones, la acción frente a la espera de soluciones mágicas.

No más excusas

Si has fallado, si no has hecho todo lo que se esperaba de ti, si no has cumplido tu compromiso, no pasa nada, nada ni nadie va a cambiar eso, ya está hecho. No culpes a nadie, no busques razones, a nadie le importan, hazte dueño de tus errores, toma la responsabilidad y excúsate esforzándote para que no se repita, en silencio. No hay mejor justificación para un fallo que haber aprendido de él.

 

Pensamiento dicotómico
La manera de sobresalir