FILOSOFÍA DE ENTRENAMIENTO

Para ser un buen entrenador, ¿basta con entender la fisiología del esfuerzo? ¿Es suficiente con conocer y aplicar correctamente los métodos de entrenamiento? ¿Nos distingue el hecho disponer de tecnología puntera? Nadie duda que son elementos importantes, pero… ¿esto es lo que diferencia a los buenos de los grandes entrenadores?

De todas las maneras que un entrenador puede aprender, una de las que más me ha hecho crecer en los años que llevo de profesión ha sido observar a los “maestros” del entrenamiento. Aquellos que han sido y son referentes en el mundo del entrenamiento o que al menos lo han sido para mí. De algunos he leído multitud de libros y publicaciones. A otros he tenido el honor de conocerlos, conversar con ellos, verles trabajar e incluso trabajar con ellos.

Todos ellos tienen unos profundos conocimientos su campo. Sin embargo, esto no les diferencia de los muchos otros entrenadores que también leen, estudian y están a la última de los avances científicos y la actualidad de su profesión. Para mí hay 4 rasgos que diferencian a los buenos de los grandes:

  1. Una amplia experiencia avalada por RESULTADOS. No son grandes entrenadores por un golpe de suerte, por el márketing ni por una espontánea hornada de deportistas talentosos. Llevan años en el oficio y han obtenido rendimientos consistentes con varias generaciones de deportistas.
  2. Tienen una enorme capacidad liderazgo, poseen ese carisma que atrae a las personas. Son capaces de inspirar, motivar y dirigir a su equipo de trabajo y sus deportistas para sacar el máximo rendimiento de sí mismos.
  3. Saben hacer (y explicar) de forma sencilla sencilla las cosas complejas.
  4. Tienen una filosofía de trabajo muy bien definida y coherente con su propia filosofía de vida.