En el atletismo es frecuente ver competiciones que se deciden por diferencias insignificantes. En los grandes campeonatos, todos los atletas poseen un enorme talento, todos han entrenado hasta el límite y todos dan lo máximo de sí. Por eso algunas veces inclinar la balanza unos centímetros o décimas a nuestro favor no depende de revolucionarios sistemas de entrenamiento,  extravagantes técnicas de recuperación o milagrosos suplementos dietéticos. Son pequeños detalles los que marcan pequeñas diferencias. Pequeñas diferencias que separan el éxito del fracaso.

Es por eso que un correcto y pormenorizado análisis antes de empezar con la preparación y puesta en escena del entrenamiento, nos puede permitir trabajar con la precisión de un cirujano. Aquí propongo una serie de aspectos a tener en cuenta en el análisis previo a la realización de un plan de trabajo.

Como resulta demasiado extenso, voy a dividir este post en 3 partes:

  1. Análisis integral del deportista
  2. Análisis de las fotalezas y debilidades del deportista
  3. Análisis de las demandas de la competición

 Análisis integral del atleta

    1. Historial deportivo: Debemos conocer de dónde viene nuestro atleta, su rendimiento anterior a nuestro trabajo para conocer su capacidad, su progresión y su potencial. Sobre todo habría que examinar los siguientes puntos:
      • Años de práctica deportiva. Desde cuándo practica atletismo, otros deportes que ha practicado, etc.
      • Marcas. Mejores marcas y evolución de los registros en los distintos años de entrenamiento.
      • Resultados en competiciones. Competiciones en las que ha participado y puestos.
      • Entrenamiento previo. Conocer (de manera aproximada) las cargas de entrenamiento que realizaba, días a la semana de práctica, algo acerca del sistema de entrenamiento anterior, etc.
    2. Historial Médico: Conocerlo nos permite detectar debilidades y carencias a nivel médico para poder realizar un trabajo preventivo, garantizar un correcto estado de salud y entrenar con total seguridad.
      • Enfermedades. Cuaquier enfermedad grave que haya sufrido, o enfermedades recurrentes que puedan afectar al rendimiento y la salud del atleta. Además, averiguar cómo modelar el entrenamiento en caso de que se repitan.
      • Lesiones. Tener un listado de las lesiones más importantes y más frecuentes. Esto nos dará una idea sobre los grupos musculares que debemos incidir en la preparación, y los ejercicios contraindicados para estos problemas.
      • Analíticas: Nunca está de más poder ver su perfil sanguíneo para comparar los niveles en posteriores análisis.
    3. Motivaciones y aspiraciones deportivas. En este punto averiguaremos el por qué de las cosas
      • Motivos por los que practica atletismo. Conocer qué le aporta el atletismo a su vida para orientar el trabajo de forma que llene ese espacio con experiencias gratificantes.
      • Objetivos deportivos a corto, medio y largo plazo. Saber qué es lo que quiere conseguir, hasta dónde quiere llegar en el deporte. De esta manera podremos definir el grado de compromiso necesario para alcanzar estos objetivos, tanto por parte del entrenador como del atleta.
      • Grado de compromiso con el deporte y con el entrenador. Hay que establecer un compromiso coherente con los objetivos, de esta manera podremos exigir más o menos a nuestro atleta en función de su implicación.
    4. Entorno, estilo de vida, actividades paralelas. Entender estos aspectos del atleta nos permitirá enmarcar nuestro trabajo dentro de su proyecto vital, y hacerlo coherente con su propia filosofía de vida.
      • Entorno social. Aunque estos aspectos parecen irrelevantes, conocer bien a tu atleta (sin entrometerse en su vida privada) también puede tener su reflejo en la manera de trabajar con él. Saber si vive con su família, con amigos, si le gusta salir o si es más bien «casero», etc.
      • Estilo de vida. Los hábitos de vida, sus rutinas, la alimentación, el descanso, aficiones, etc… son imprescindibles para valorar si es compatible o no con un cierto nivel de entrenamiento. Además, como entrenadores, al conocer sus puntos flacos tenemos la obligación de orientarle hacia un estilo de vida saludable.
      • Actividades paralelas. Es muy importante saber si estudia, trabaja o realiza algún otro tipo de actividad paralela al atletismo. Además cuántas horas le dedica y qué grado de esfuerzo le supone, ya que tendremos que adaptar el plan para encontrar ese punto de equilibrio entre esfuerzo/descanso teniendo en cuenta dichas actividades.

Una vez evaluados todos estos puntos tendremos una imagen bastante detallada del «ADN» de nuestro atleta. De esta forma tan sólo nos queda conocer cuáles son su puntos fuertes y débiles, y cuáles son las demandas de la prueba para la que queremos prepararlo. Ambas las detallaré en los sucesivos posts.

Una vez expuesta esta propuesta de evaluación, ¿creéis que deberíamos incluir algún otro aspecto relevante?¿O por el contrario consideráis que la mayoría de estos puntos son completamente irrelevantes? Tenéis los comentarios abiertos para poder opinar con libertad.

Una cita para concluir este post:

La formulación de un problema, es más importante que su solución. Albert Einstein

Análisis de las fortalezas y debilidades del deportista
Establecer objetivos