Terminas tus estudios y se abre una nueva etapa en tu vida: el trabajo. Afrontas esta nueva situación con ilusión, todo son sueños, proyectos por construir, ideas que fluyen en tu cabeza, ves un futuro triunfal.

Empiezas por pequeños trabajos, vas cogiendo experiencia con lo que sale, la prioridad es un sueldo mínimo de superviencia. Eres bueno y poco a poco tu trabajo va creciendo.

Un día te levantas y te das cuenta de que han pasado tres o cuatro años en los que no has parado de trabajar en mil cosas, pero que estás lejos de aquello que soñabas cuando terminaste tus estudios.

Y, lo peor, no sólo no has ganado dinero suficiente para tener el estilo de vida que deseas, sino que has dedicado tanto tiempo a trabajar que ni recuerdas cuándo fue la última vez que saliste a entrenar, o tu último fin de semana de desconectado de todo, o la última juerga con tus amigos.

La vorágine de trabajo y la lucha por la supervivencia en el entorno laboral te lleva a vivir en un modo de “piloto automático”. Dejas de ver tu vida con perspectiva y te limitas a ejecutar como un autómata el trabajo del día, perdiendo en cierta manera la consciencia de tu situación.

Resulta paradójico que te hayan enseñado a planificar, programar y ajustar los entrenamientos, pero no te han enseñado a hacer algo mucho más importante: hacer lo mismo pero con tu vida y tu profesión.

Tienes tantas cosas que hacer en tu día a día que es inviable parar, desconectar del mundo, de tus obligaciones, de tus responsabilidades, de tus clientes, de tu teléfono…

No tienes un momento para descansar, relajar tu mente y dar unos pasos atrás para valorar lo que haces desde una perspectiva más amplia y recordar por qué estás haciendo lo que estás haciendo.

Y, en ese momento que eres consciente de que tu rumbo se ha perdido, empiezas a “hacer cosas”. Creas una web. Empiezas a publicar en redes sociales. Grabas vídeos. Vas a eventos. Haces folletos. Lanzas nuevos servicios.

Acciones aleatorias, como el que no sabe nadar y trata de llegar a la orilla a base de dar brazadas y patadas descoordinadas, en lugar de relajarse, buscar la orilla con la mirada, adoptar la posición correcta y mover coordinadamente brazos y piernas mientras siente el avance en el agua.

¿Por qué sucede esto? Puede que hayas cometidos errores técnicos o estratégicos en tus acciones, pero la raíz de todo suele ser la misma: no tienes claro tu propósito.

Si quieres eliminar aquello que te impiden construir un proyecto próspero y tener el estilo de vida que deseas, debes atacar a la raíz del problema.

¿Qué es el propósito?

Según la RAE, el propósito es un “objetivo que se pretende conseguir”. No obstante, tenemos que plantearnos este “objetivo” desde la perspectiva más profunda y global que sea posible.

No te hablo de objetivos tipo “ganar 50.000€ al año” o “captar 100 clientes” o “comprarme un Lamborghini”.

Tu propósito como entrenador tiene que ver con tus valores y con el cambio que vas a provocar en el mundo.

De esta manera, podríamos definir el propósito como el objetivo más alto que pretendes alcanzar y por el cual nos gustaría trascender.

Tanto los grandes líderes como las grandes empresas tienen esta cuestión muy clara, y en este artículo voy a intentar ayudarte a descubrir cuál es el tuyo.

¿Cómo puede ayudarte tener un propósito claro?

Tener un propósito claro no es algo que a corto plazo solucione todos tus problemas.

Lo que sí es seguro es que es algo imprescindible para darle coherencia a tu proyecto. Es la luz al final del túnel que te indica la dirección que vas a tomar.

Tener un propósito definido te ayudará a:

  • Hacer algo relevante en tu vida.
  • Hacer algo que provoque un cambio positivo en los demás.
  • Ponerte objetivos adecuados.
  • Que la gente valore realmente tu trabajo.
  • Que tus clientes estén dispuestos a pagar por lo que haces.
  • Que tus acciones tengan sentido y den resultados.
  • Mantener la pasión por lo que haces hasta el día que te mueras (o te jubiles).
  • Que tu trabajo forme parte de tu felicidad y le dé significado a tu vida.

¿Lo tienes claro? Pues vamos a ponernos el mono de trabajo porque toca empezar a definir tu propósito como entrenador.

¿Cómo definir tu propósito?

¿Por qué haces lo que haces? ¿Por qué has estudiado lo que has estudiado? ¿Por qué te levantas por las mañanas?

Aquí está el origen de todo, lo que le da sentido a lo que haces y otorga un rumbo concreto a todas y cada una de las acciones y decisiones que tomas.

A mí que me encanta leer biografías y ver documentales de personajes ilustres. Si me preguntas una característica principal de personajes tan variados y exitosos como Steve Jobs, Elon Musk, Bob Marley o Nelson Mandela es que tienen un propósito bien definido y toda su vida orbita en torno a ello.

Las grandes mentes y los grandes líderes se preocupan antes que nada del por qué.

Encontrar un propósito adecuado y genuino no es tarea fácil. Pero existen algunas técnicas que te ayudan a liberarte de tanta confusión y definirlo con claridad.

Así que, aparca todas tus obligaciones por un momento, aíslate del mundo al menos una mañana o tarde entera y prepárate para hacer una profunda introspección.

La intersección mágica

Una técnica para encontrar el propósito adecuado es pensar en ciertas áreas que quizá te resulten más fáciles de definir y, posteriormente, encontrar el nexo común entre ellas.

A continuación te indico las cuatro áreas sobre las que necesitas reflexionar. Lo primero que debes hacer es descargar e imprimir la plantilla que te regalo al final del artículo, imprimirla y coger un bolígrafo. En cada área, anota una lista con las cosas que surjan.

¿Por qué hacerlo sobre papel? El hecho de escribir a mano y de ver todo anotado en perspectiva te ayuda a pensar mejor y hacer que emerjan las ideas. No infravalores el poder de esta técnica.

Procura que la lista sea bien larga y no escatimes en papel ni tinta. Siempre hay tiempo para tachar lo que luego no te sirva.

Lo que te gusta hacer

Todos tenemos gustos. Seguro que a ti te gustan unas cosas más que otras. Y también es seguro que, entre todas las cosas que te gustan, hay algunas que destacan y lo hacen con más fuerza.

Aquellas cosas que cuando las haces te hacen sentir bien, las que piensas que ojalá esto no se termine nunca, esas que siempre estás esperando a que lleguen. Aquello que, si te pagaran por hacerlo, sería la vida más feliz que puedes imaginar.

Anota todas aquellas que te vengan a la cabeza, por muy absurdas que te resulten o por muy lejanas que estén a tu actual ocupación.

Piensa en aquello que soñabas de niño o de adolescente, en aquellas cosas que han atraído tu interés en los últimos años ya sea en el trabajo, tus hobbies o lecturas.

Lo que se te da bien

Es posible que no sientas que tienes ningún don especial, pero hay algo que seguro que se te dá bastante bien.

Aparca tu humildad a un lado y apunta todas las cosas que sabes hacer mejor que la media de la gente que conoces.

Pueden ser cosas generales y variadas como bailar, los videojuegos, las matemáticas, hablar en público, aprender idiomas, etc, o más específicas de tu trabajo, como hacer programas de fuerza, enseñar la técnica de natación o motivar a tus alumnos.

Piensa en aquello que siempre te suelen pedir tus amigos o tu familia, aquellas cosas que te cuesta poco aprender o en lo que sacabas mejores notas.

Lo que los demás necesitan

En este punto ya cambiamos la perspectiva de dentro hacia afuera. Debes analizar las necesidades de los demás. En tu caso, aquellas necesidades relacionadas con la salud y el ejercicio, que es tu ámbito profesional.

Piensa en todos los problemas de salud actuales generados por el estilo de vida.

Piensa en las dificultades de los deportistas para alcanzar sus objetivos.

Recoge todos los problemas que necesiten ser solucionados, todo aquello que provoque dolor o malestar a la gente (físico o psicológico) y que tenga que ver con la actividad física.

Por lo que los demás están dispuestos a pagar

Este es un área más difícil de definir, ya que muchas veces nos dejamos llevar por lo que “nosotros” pagaríamos en lugar de descubrir por lo que “los demás” pagarían.

Llegados aquí te recomiendo que leas este otro artículo sobre cómo encontrar nichos de mercado rentables, seguro que te da algunas pistas sobre aquellas cosas por las que la gente está dispuesta a pagar.

Por ejemplo, yo que trato con muchos corredores aficionados, sé que uno de sus problemas es la falta de conocimientos de entrenamiento. En ese sentido, están dispuestos a pagar por un entrenador.

Otro de sus problemas es que no saben afrontar mentalmente la competición. Sin embargo, nadie paga por un psicólogo para eso.

El propósito nace de la intersección de las 4 áreas

Una vez tengas las listas hechas, trata de conectar ítems en común de las 4 listas. Es muy probable que emerja algo interesante que puedes adoptar como tu propósito.

Anótalo en grande en la última hoja de la plantilla descargable y pégalo en un lugar donde lo veas cada día, para que te recuerde el rumbo cada vez que te desvíes lo más mínimo.

Las 5 preguntas

Otra técnica muy buena que te recomiendo que combines con la anterior, es la que nos enseña Adam Leipzig en esta charla TEDx. Se trata de formularse 5 poderosas preguntas, donde el propósito emerge de las respuestas a cada una de ellas.

  1. ¿Quién eres? Aunque podamos profundizar mucho sobre quiénes somos en realidad, en este caso basta con conocer tu nombre.
  2. ¿Qué haces? Esta pregunta tiene que ver con aquello que amas, con tus habilidades, con lo que te gusta hacer y que Adam resume en esta otra pregunta: ¿Cuál es aquella cosa que ahora mismo te sientes sumamente cualificado para enseñar a otras personas?
  3. ¿Para quién lo haces? Imagina la persona o personas receptoras de aquello que has respondido en la pregunta anterior.
  4. ¿Qué es lo que esa gente busca o necesita? Ahora piensa en las cosas que estas personas necesitan, en sus problemas, en aquello que les hace sufrir.
  5. ¿Cómo cambia esa gente como resultado de lo que haces? Por último, debes visualizar cómo la gente cambia o mejora como resultado de aquello que tú les estás dando.

De esta manera quedaría algo así como:

Soy Vicente Úbeda y ofrezco estrategias y recursos a los entrenadores emprendedores que necesitan hacer crecer su negocio y mejorar sus hábitos productivos para vivir de su pasión y tener el estilo de vida que desean.

A partir de aquí podrías darle una vuelta al estilo y redactado, pero la esencia de tu propósito quedaría resumida en esta frase.

Algunos consejos extra

Aunque aquí plasmado pueda resultar sencillo, no es tarea fácil definir tu propósito. Debes tener en cuenta algunas cosas para tener cierta seguridad en que has encontrado el propósito adecuado.

Es normal estar confundido

Lo más probable es que cuando te pongas a pensar, salgan tantas cosas que no sepas canalizarlas y conectarlas, que no estés seguro de cuál es la mejor opción, etc.

Es la paradoja de la elección, que describe nuestra tendencia a estar menos satisfechos con las decisiones tomadas mientras más alternativas existan.

Te recomiendo en este caso que, una vez hechas las listas correspondientes de la técnica de la intersección, taches todas las cosas que veas menos claras y reduzcas cada lista a tres opciones.

Conócete a ti mismo

Puede sonar a tópico, pero el ejercicio de autorreflexión, introspección y meditación es algo a lo que se le presta poca atención. No tienes tiempo.

No hace falta hacer un retiro al Tíbet, simplemente tener momentos periódicos de desconexión, que te permitan pensar con libertad y naturalidad. Conocer mejor tus gustos y pasiones, y definir tu propia filosofía de vida.

Probar cosas

Bueno, hay tantas cosas que no salen bien a la primera que es importante probar hasta encontrar. Poca gente se casa con su primer amor.

Si no tienes claro qué te gusta realmente puedes probar a hacer de voluntario en alguna organización o con algún profesional que se dedique a algo sobre lo que sientas curiosidad.

A veces ver las cosas desde dentro puede ayudarte a decidir o descartar.

Qué hace infeliz a la gente

Solucionar los problemas que hacen a la gente infeliz abre la puerta a increíbles oportunidades de negocio.

Como ya te habrás dado cuenta, el 50% de tu propósito va sobre ti, pero el otro 50% va sobre los demás. Y ambas cosas se retroalimentan.

Sigue tu instinto

Muchas veces tendemos a tomar el camino en función de aspectos culturales, tradiciones, costumbres o expectativas de terceros.

Libérate de presiones y coacciones y fíate de tu instinto. Tu cerebro insconsciente a veces funciona mejor que el racional.

El propósito cambia

El propósito no es algo estático. Tus gustos no son los mismos ahora que cuando tenías 12 años, y probablemente también sean distintos dentro de 20 años.

También cambian las necesidades de la gente, no son las mismas las de los años 80 que las de la próxima década de los 30.

Guarda un tiempo para revisar tu propósito

Es imprescindible que refresques con frecuencia tu propósito para cohesionar todos tus objetivos vitales y profesionales y también todas tus acciones y decisiones diarias.

Ten tu propósito en un lugar visible, repásalo con atención y consciencia una vez a la semana y replantéatelo una vez al año.

Conclusión

Para ganarte el pan de cada día necesitas estar haciendo cosas. Pero para tener éxito, ser feliz y trascender es imprescindible saber por qué haces las cosas.

Así que te pregunto directamente para que me respondas abajo en los comentarios:

¿Por qué quieres que te recuerden cuando ya no estés?

Resumen GAIN IX. Houston 2016